Washington.– El Gobierno de Estados Unidos acusó a China de utilizar una red de más de 40 países para redirigir mercancías y evitar los aranceles impuestos por Washington, una práctica que, según la Casa Blanca, provoca pérdidas multimillonarias para la economía estadounidense y afecta cientos de miles de empleos.

La denuncia fue presentada en un informe divulgado por la Casa Blanca bajo el título “La Gran Estafa del Transbordo”, en el que se sostiene que empresas vinculadas a China utilizan terceros países para ocultar el verdadero origen de sus productos y acceder a tasas arancelarias más favorables en el mercado estadounidense.

Según el documento, el mecanismo consiste en enviar mercancías a otras naciones antes de que lleguen a Estados Unidos, permitiendo que los productos sean reexportados con certificados de origen distintos a los chinos. Entre los países señalados figuran importantes socios comerciales de Washington, incluyendo México, Canadá y varias economías del Sudeste Asiático.

Las autoridades estadounidenses estiman que el valor anual de las mercancías sometidas a este tipo de transbordo oscila entre 40,000 y 303,000 millones de dólares. En un escenario considerado intermedio, la Casa Blanca calcula pérdidas federales de entre 19,000 y 26,000 millones de dólares por concepto de ingresos, además de un impacto estimado de unos 450,000 empleos y una reducción significativa en la actividad económica.

El informe atribuye gran parte de estas operaciones a exportaciones originarias de China y sostiene que la práctica se ha expandido durante los últimos años como una vía para reducir el impacto de los aranceles implementados por Estados Unidos dentro de su estrategia comercial.

La denuncia se produce en medio de nuevas tensiones comerciales entre Washington y Pekín, marcadas por disputas relacionadas con aranceles, comercio internacional y acceso a mercados estratégicos.

Hasta el momento, China no había emitido una respuesta oficial sobre las acusaciones contenidas en el informe estadounidense. Sin embargo, el señalamiento añade un nuevo capítulo a las fricciones comerciales entre las dos mayores economías del mundo.

La Casa Blanca sostiene que reforzar los controles sobre el origen de las mercancías será clave para evitar que productos sujetos a aranceles entren al mercado estadounidense a través de rutas alternativas y para proteger la industria nacional frente a prácticas consideradas desleales.