La primera comparecencia del doctor Roberto Fulcar ante un medio de comunicación, luego de los cuestionamientos públicos que ha enfrentado, merece una mirada que trascienda las simpatías y antipatías políticas.Fulcar desempeñó un papel protagónico en la construcción del proyecto político que llevó al Partido Revolucionario Moderno (PRM) al poder y condujo a Luis Abinader a la Presidencia de la República. Por ello, su trayectoria no puede analizarse al margen de la historia reciente del partido, de sus luchas internas y de las contradicciones que suelen surgir cuando se pasa de la oposición al ejercicio del poder.¿Qué ocurre cuando alguien que contribuyó a construir un proyecto político termina enfrentando circunstancias que ponen en juego su reputación, su trayectoria y su futuro?La entrevista plantea interrogantes importantes sobre su relación con el presidente Abinader, el liderazgo y las precandidaturas dentro del PRM, su gestión al frente del Ministerio de Educación, el uso del 4 % del PIB destinado a la educación y los cuestionamientos relacionados con las auditorías de los órganos de control.Sin embargo, más allá de las controversias, hay una cuestión fundamental: el honor, la dignidad, la responsabilidad pública y el derecho de toda persona a defender su nombre cuando considera que ha sido objeto de acusaciones injustas.Defender la reputación no significa estar por encima del escrutinio público. En una democracia, todo funcionario debe rendir cuentas, toda denuncia seria debe investigarse y toda persona tiene derecho a defenderse. Las responsabilidades deben establecerse sobre la base de pruebas y actuaciones concretas, no de rumores, presiones o conveniencias políticas.Este análisis no pretende dictar sentencias ni convertir declaraciones en verdades judiciales, sino examinar los planteamientos de Fulcar y reflexionar sobre nuestra cultura política y la manera en que se ejerce el poder en la República Dominicana.Al final, el poder es transitorio, los cargos tienen fecha de vencimiento y las posiciones políticas cambian. Sin embargo, la conducta y el nombre que cada persona construye a lo largo de su vida dejan una huella que ningún cargo público puede sustituir.Como creyente, mantengo la convicción de que el tiempo de Dios es perfecto, pero también de que la fe exige prudencia, búsqueda de la verdad y respeto a la justicia, sin confundir la defensa del honor con la condena anticipada de los demás.Porque en política no basta con escuchar lo que se dice; también hay que analizar lo que significa, lo que puede demostrarse y lo que todavía está pendiente de esclarecer. Navegación de entradas Rodolfo Santos respalda titulación de áreas protegidas y pide compensación justa a propietarios EL PRM ANTE EL DESAFÍO HISTÓRICO DEL 2028: COHESIÓN INTERNA, LIDERAZGO Y CONEXIÓN CON LA GENTE