Saludos distinguidos lectores.

Hoy quiero dedicar mi artículo de los lunes a reflexionar sobre lo que podría ser el futuro del partido de gobierno de cara a las elecciones presidenciales de mayo de 2028.

Si bien es cierto que el Partido Revolucionario Moderno (PRM) se ha mantenido encabezando las preferencias electorales en buena parte de las encuestas conocidas hasta el momento, no es menos cierto que ha venido experimentando un descenso respecto de los niveles de popularidad que alcanzó en 2024. A esto debemos agregar un elemento importante: la valoración del presidente de la República, Luis Rodolfo Abinader Corona, que, según algunas mediciones, se ha mantenido por encima de la valoración que recibe su propia organización política.

Esta diferencia plantea un escenario interesante y coloca sobre los hombros del mandatario dos grandes responsabilidades.

La primera consiste en mantener cohesionadas las distintas fuerzas internas que giran alrededor de las aspiraciones presidenciales del PRM para 2028. En ese escenario sobresalen dos figuras: David Collado, actual ministro de Turismo, quien ha encabezado diversas mediciones de preferencia dentro de su organización, y Carolina Mejía, alcaldesa del Distrito Nacional por segundo período consecutivo, cuya presencia también ha venido creciendo en el escenario interno. Sin desconocer, desde luego, a los demás dirigentes y aspirantes que forman parte de esta competencia.

La segunda responsabilidad será desempeñar un papel de árbitro imparcial, garantizando condiciones de equidad y transparencia en el proceso interno que eventualmente deberá celebrarse, particularmente si no se alcanza previamente un consenso entre los principales sectores de la organización.

Pero ¿cuál es el verdadero desafío histórico que enfrenta el PRM?

A mi juicio, su mayor reto trasciende la selección de una candidatura presidencial. Se trata de alcanzar una hazaña política de profundo significado histórico: lograr un tercer período gubernamental consecutivo mediante el voto popular. Y es que, si bien el PRM tiene su propia identidad y estructura política, no podemos desconocer que nació de las entrañas del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), organización que nunca logró conquistar tres períodos consecutivos al frente del Gobierno. De ahí que alcanzar esa meta en mayo de 2028 representaría no solamente un hito para el PRM, sino también un acontecimiento histórico para la organización política que heredó buena parte de su ADN.

Ahora bien, si el PRM aspira a mantenerse al frente del Gobierno más allá de 2028, entiendo que debe prestar especial atención a una recomendación que, aunque sencilla, considero fundamental: volver a conectar con las principales demandas y preocupaciones de la gente.

Las encuestas y las conversaciones cotidianas con la ciudadanía vienen señalando preocupaciones recurrentes: el alto costo de la vida, las dificultades del sistema eléctrico, la falta de circulante en determinados sectores de la economía y la delincuencia, entre otros problemas que afectan directamente la calidad de vida de los dominicanos.

En cuanto a la seguridad ciudadana, cabe destacar la valoración que ha venido recibiendo el recién designado director general de la Policía Nacional, mayor general Rafael Rodríguez García. Su gestión apenas comienza, por lo que será importante que las acciones que se implementen se traduzcan en una mayor percepción de seguridad y tranquilidad para la población.

Otro tema que merece nuestra atención es la corrupción. Aunque algunas mediciones pudieran reflejar que este asunto no figura entre las principales preocupaciones de determinados segmentos de la población, eso no significa que deba restársele importancia. Por el contrario, considero justo reconocer los esfuerzos que ha venido realizando el gobierno del presidente Luis Abinader para fortalecer la transparencia, la institucionalidad y la persecución de este flagelo, que ha acompañado buena parte de nuestra historia republicana.

No obstante, esos esfuerzos deben continuar, profundizarse y traducirse en resultados verificables, porque la lucha contra la corrupción no puede depender de coyunturas políticas ni de la percepción momentánea de la ciudadanía.

Finalmente, entiendo que el PRM tiene ante sí una oportunidad y, al mismo tiempo, una enorme responsabilidad histórica. La cohesión interna, la escogencia de un liderazgo capaz de representar a la organización y, sobre todo, la capacidad de responder a las necesidades reales de la población serán factores determinantes en el camino hacia 2028.

No bastará con encabezar encuestas ni con exhibir los resultados de una gestión gubernamental. Será necesario escuchar, corregir, rectificar cuando corresponda y demostrar que las aspiraciones de continuidad política están acompañadas de soluciones concretas para la gente.

Porque, al final, las organizaciones políticas pueden tener estructuras, dirigentes y proyectos de poder, pero son los ciudadanos quienes, mediante el ejercicio democrático del voto, tienen la última palabra.

El gran desafío del PRM no es solamente ganar las elecciones de 2028; es demostrar que tiene suficientes razones para que los dominicanos vuelvan a confiarle la conducción del país.